Coger un cachito de vida, empaquetarlo en una caja con cinta, y llevárselo para casa para soltarlo cuando más convenga, si hace falta rememorar esa emoción que por unos instantes nos ha transportado a un mundo mágico.
La infancia, al menos en mí, nos acompaña toda la vida. Acostado mirando al cielo, la luz del sol cegándome los ojos a ratos por el abanico de las hojas y el murmullo del viento meciéndolas. Muchas veces ya, muchos años ha, niño acostado mirando al cielo que dejaban ver las hojas y escuchando el crepitar del aire que las mece. Descubrir el mundo por primera vez, que suerte en mí poder volver a ese punto de la infancia y volver a mirar como si fuese la primera vez, ya, a mi edad tardía. Y pensar que por muchos años que pasen, en algún momento y en algún lugar me encontraré acostado mirando al cielo y descubriendo el mundo por primera vez, por muchos años que tenga emocionarme como chico pequeño.
Esos momentos felices de una infancia ignorante del mundo de los adultos, de lo atroz que le rodea, que se mantienen con un recuerdo vívido, hermoso y sin mácula. Los miedos son inconscientes por que su recuerdo es duro y el olvido necesario. Cuando olvidamos no lo hacemos del todo, hundimos lo inicuo en lo más profundo del lago pensando que no nos alcanzará. Pero aquello que escondemos es parte de nosotros y vive dentro de nuestro ser. Y surge como un reflejo en el lago, borroso en agua turbia y deformado por los rizos de la superficie del agua.
Suscitado por la Sierra de Mariola, por el viento, el sol y los árboles del camping. Por la caminata que nada prometía y nos llevó a una senda hermosa, como metáfora de la vida, un andar que no sabemos a donde conduce.
¿realmente vamos hacia tiempos mejores? Se me ha quedado trasnochada la pregunta, ya tenemos una respuesta
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lunes, 15 de julio de 2013
Mariola
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miércoles, 26 de junio de 2013
La goma
Una goma sujeta la pelota que vuelve y vuelve para ser golpeada. Una goma me sitúa a mí a tu derecha a veces, a tu izquierda otras, arriba, abajo, cerca y lejos. ¿Soy yo el que se mueve o eres tú?¿O ambos viajamos por el mundo estirando de la goma?
Ya no juego al juego de los espejos, ya no quiero una etiqueta más, ya no quiero ponerle un nombre a las cosas para darles vida en mi conciencia. Solo quiero ver mi imagen reflejada en la superficie del estanque rizada de ondas
Ya no juego al juego de los espejos, ya no quiero una etiqueta más, ya no quiero ponerle un nombre a las cosas para darles vida en mi conciencia. Solo quiero ver mi imagen reflejada en la superficie del estanque rizada de ondas
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viernes, 5 de abril de 2013
Rápido
Las cosas suceden rápido, sin dejar poso. El alma se mantiene inmaculada recordando que la mejor época es la infancia. Siempre vuelvo sobre mis pasos con nostalgia y esperanza de volver a esa época dorada donde todo es posible, donde el alma apenas magullada lo aguanta todo.
Si el tiempo pasa rápido, y el universo entero no puede confabularse para darnos gusto, será el flujo de unas corrientes anónimas y sin conciencia, un sincronismo que se va perdiendo, un flujo que lentamente se agota.
Si el tiempo pasa rápido, y el universo entero no puede confabularse para darnos gusto, será el flujo de unas corrientes anónimas y sin conciencia, un sincronismo que se va perdiendo, un flujo que lentamente se agota.
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viernes, 4 de enero de 2013
En un lugar del universo
Ocupo un lugar que fue ocupado por miles de almas que se emocionaron quizás como yo ahora
Ocupo un lugar del universo que ha sido ocupado por miles de almas, vidas que precedieron a la mía.
Siento mi alma atravesada por otras miles de las que no sé nada, que estuvieron donde me encuentro y noto como crece una angustia profunda, el desasosiego de no poder verlas y sentirlas, de no poder experimentar el universo eterno en una fracción de segundo.
Mi corazón late con fuerza mientras pienso en lo que no aprenderé, en lo que olvidaré, en quién no conocí.
Ahora, el vapor de la emoción embriagadora se eleva al cielo y noto como se me despeja el alma, vuelvo a ser yo, un ser normal que se desplaza en un plano. La cabeza se me aclara mientras la emoción que me atravesó vuela y alcanzo la cordura de la nimiedad.
Quiero volver a angustiarme, con esa pasión que me hace pensar que quizás mil almas puedan flotar a mi alrededor, que se puede vivir la eternidad infinita en una fracción de segundo. Ansío volver al momento donde una extraña emoción me haga volver a un rincón olvidado de la memoria, de una infancia remota, de una lejana juventud.
Feliz 2013
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domingo, 25 de noviembre de 2012
La Coquete
Estos días he pensado en un lugar real pero que su auténtica dimensión solo habita en mi mente: La Coquete en Madrid. Si, Javi, acabamos de hablar de La Coquete, pero por que me has pillado escribiendo estas líneas. Estuve pensando ayer en esos pacharanes que nos tomábamos hasta tener ese punto en el que la lengua se suelta y ascendemos al cielo de las palabras a lomos de vapores etílicos.
Un día lleve a una chica a la que quería colocarme de novia formal, era una forma de decir: "nena, te voy a descubrir mi mundo, un mundo de pacharanes y vapores etílicos que sueltan la lengua elevándola al cielo de la ensoñación de la eternidad, bla, bla, bla " "¡ésto parece una alcantarilla!" dijo. Eso no desmontó mi mundo mágico de pacharanes donde tres amigos departían de la vida y la muerte, el sexo y el amor, la amistad y el compañerismo.
Aquella chica no era mi chica como más tarde comprendí y en ese día empecé a vislumbrar.
Siguen habiendo ocasiones en los que los vapores etílicos sueltan la lengua, pero ya no os tengo para hablar en la intimidad de esa alcantarilla mágica que suelta la lengua y nos transmuta en lo mejor de nosotros mimos, en tres amigos que hablan de sus dichas y sus desdichas.
Dicen que el mundo se ha hecho pequeño, pero se equivocan, el mundo se ha hecho más grande y eso me ha hecho más pequeño.
Coquete, blues y pacharanes, y por supuesto, procurarse uno o dos amigos con los que emborracharse de vez en cuanto, sin abusar, lo justo para guardar el recuerdo grato de haber alcanzado ese cielo de ensoñación de la eternidad, ya que la meditación no nos lo permite ;-}
Un día lleve a una chica a la que quería colocarme de novia formal, era una forma de decir: "nena, te voy a descubrir mi mundo, un mundo de pacharanes y vapores etílicos que sueltan la lengua elevándola al cielo de la ensoñación de la eternidad, bla, bla, bla " "¡ésto parece una alcantarilla!" dijo. Eso no desmontó mi mundo mágico de pacharanes donde tres amigos departían de la vida y la muerte, el sexo y el amor, la amistad y el compañerismo.
Aquella chica no era mi chica como más tarde comprendí y en ese día empecé a vislumbrar.
Siguen habiendo ocasiones en los que los vapores etílicos sueltan la lengua, pero ya no os tengo para hablar en la intimidad de esa alcantarilla mágica que suelta la lengua y nos transmuta en lo mejor de nosotros mimos, en tres amigos que hablan de sus dichas y sus desdichas.
Dicen que el mundo se ha hecho pequeño, pero se equivocan, el mundo se ha hecho más grande y eso me ha hecho más pequeño.
Coquete, blues y pacharanes, y por supuesto, procurarse uno o dos amigos con los que emborracharse de vez en cuanto, sin abusar, lo justo para guardar el recuerdo grato de haber alcanzado ese cielo de ensoñación de la eternidad, ya que la meditación no nos lo permite ;-}
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lunes, 19 de noviembre de 2012
Un brote violento
El recuerdo de un vaso de cristal que estalla en pequeños pedazos al chocar contra el sillón de sky rojo lo mantuve siempre fresco en mi mente y nunca pensé que tal arrebato pudiese ocurrirme. Siempre pensé que la responsabilidad con los hijos se debía de observar como una mera iniciación al mundo, que no eramos dueños y amos de su vida ni tampoco debemos prolongar las nuestras, generalmente fracasadas, en ellos. No obstante, igual que mi padre lanzo entre vapores de resaca el vaso que tenía frente a él con la mayor saña que pudo hacía mi madre, sentada en frente, aterrorizada, y sin decir palabra después, igual, en un arrebato lancé a mi hija contra el sillón. ¿En cuantos pedazos pudo llegar a romperse?
No soy de esos hombres que pegarían a sus mujeres, si "sus" que denota propiedad puede decirse. O que a despecho pegarían o separarían a sus hijos, mi bien más preciado, de su madre. Si pienso premeditadamente en hacerle algo a alguien me horrorizo y escondo el pensamiento para no sentirme mal en la posibilidad de albergar tal maldad. Sin embargo, la semilla de tal mal alberga en mi corazón si observo los hechos.
Horror pensar en las consecuencias, jamás entenderé mi naturaleza, tan sumisa, apocada y tan capaz de crear una tempestad que se lleve lejos de mí todo lo que más quiero.
No soy de esos hombres que pegarían a sus mujeres, si "sus" que denota propiedad puede decirse. O que a despecho pegarían o separarían a sus hijos, mi bien más preciado, de su madre. Si pienso premeditadamente en hacerle algo a alguien me horrorizo y escondo el pensamiento para no sentirme mal en la posibilidad de albergar tal maldad. Sin embargo, la semilla de tal mal alberga en mi corazón si observo los hechos.
Horror pensar en las consecuencias, jamás entenderé mi naturaleza, tan sumisa, apocada y tan capaz de crear una tempestad que se lleve lejos de mí todo lo que más quiero.
Siento ser un poco depresivo hoy, es lo que hay. Recuerdo un episodio de mi vida en que, haciendo la mili, se me cruzaron los cables de tanto aguantar a estúpidos mandos y me puse a conducir en dirección contraria por una calle de Carabanchel llevando un furgoneta del ejército, varios perros en las jaulas y dos sargentos conmigo en la cabina.
Nos sentimos cómodos en una aparente calma vital y en un instante toda nuestra seguridad se trastoca y nos vamos a un extremo no deseado al que no queríamos llegar. Quizás sea un problema de autoafirmación, todo lo que vamos callando y aguantando se acumula y se desata en una desproporcionada violencia mal digerida y peor dirigida en la que los primeros horrorizados somos nosotros.
La noticia de aquel corredor ciclista que meciendo, con más violencia que cariño, a su hijo llorón recién nacido, llegó a matarlo, tuvo una segunda consecuencia que no justifica el resultado: el dolor de un padre causante de su propia desgracia. Terribles las consecuencias.
No convencido de la explicación que a mí mismo me he dado, vuelvo a preguntarme que es lo que puede llevar a un hombre a tal violencia extrema, a tal descontrol tan contrario a lo que en un estado "normal" de calma piensa o siente. Es algo que me preocupa especialmente como hombre y persona que en ciertos momentos, he de reconocer, se me desata una ira acumulada que no sé de dónde viene y que me gustaría explorar. No anular, más bien entender para que se disuelva o ver si tiene alguna utilidad. Porque, visto los resultados, negar o intentar anular, no sirve para nada y no es el camino.
No convencido de la explicación que a mí mismo me he dado, vuelvo a preguntarme que es lo que puede llevar a un hombre a tal violencia extrema, a tal descontrol tan contrario a lo que en un estado "normal" de calma piensa o siente. Es algo que me preocupa especialmente como hombre y persona que en ciertos momentos, he de reconocer, se me desata una ira acumulada que no sé de dónde viene y que me gustaría explorar. No anular, más bien entender para que se disuelva o ver si tiene alguna utilidad. Porque, visto los resultados, negar o intentar anular, no sirve para nada y no es el camino.
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martes, 24 de abril de 2012
No entiendo
Escucho las palabras pero no las entiendo. Me siento en un taburete alto en la barra de la calle de un bar con barra a la calle. Huelo a tostadas y café, a plancha de bar a primera hora de la mañana, mientras, la gente habla. No entiendo nada, sin embargo, todo lo he escuchado. Tengo la sensación de que si me esfuerzo solo un poco podré adivinar cual será la siguienta palabra que diga alguno de los clientes.
Me tomo mi café, pago y me voy. Camino entre la gente de una transitada calle, camino sin saber si soy un fantasma, si soy yo o son los demás. Pienso si estoy vacío por que lo noto en el estomago, o hay algo más. Pienso si yo estoy vacío o tal vez sean las personas junto a las que ando.
Veo las luces, pero no lo entiendo, escucho las risas, pero no lo entiendo, escucho y, aunque no lo entiendo, pienso que a poco que piense, sabré lo que va a ocurrir. Siento que ando lo ya andado, que me cruzo con la misma gente y escucho las mismas conversaciones.
Andando el tiempo esa sensación se fue...nunca volvió.
Me tomo mi café, pago y me voy. Camino entre la gente de una transitada calle, camino sin saber si soy un fantasma, si soy yo o son los demás. Pienso si estoy vacío por que lo noto en el estomago, o hay algo más. Pienso si yo estoy vacío o tal vez sean las personas junto a las que ando.
Veo las luces, pero no lo entiendo, escucho las risas, pero no lo entiendo, escucho y, aunque no lo entiendo, pienso que a poco que piense, sabré lo que va a ocurrir. Siento que ando lo ya andado, que me cruzo con la misma gente y escucho las mismas conversaciones.
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jueves, 14 de enero de 2010
Jugar, siempre jugar
¿Te acuerdas cuando éramos pequeños y pasábamos horas eternas, o eso nos parecía, entretenidos con un juego de construcción? ¿O imaginando que éramos animales en la selva? ¿O formando parte de un tren imaginario, o viendo como unas hormigas sacaban granitos de arena del hormiguero? ¿O que hacíamos comidas en una cocina de mentira?
Era bonito jugar, entregarse completamente como si nada en esos momentos existiese fuera del juego. Solo la realidad inventada en la que dirigíamos nuestras tropas de plástico contra el enemigo o vivíamos aventuras estelares más allá del sistema solar.
Y nos íbamos haciendo mayores y empezábamos a soñar con un futuro lleno de emociones y prestigio, sin preocuparnos demasiado por él.
Pasamos del colegio al Instituto y ya vamos viendo que nos tenemos que preocupar de nuestro porvenir. Nuestras emociones están a flor de piel, vivimos el momento, salimos los fines de semana, nos divertimos a tope, pero intentamos estudiar y pasar curso.
Llegamos a la Universidad y la cosa se pone seria. Nos lo pasamos bien, puede que mejor que en la época del Instituto. Conocemos gente nueva, salimos los fines de semana, pero el futuro deja de serlo, se va convirtiendo en presente. Nos preocupamos de nuestro futuro, y eso nos pone serios. Y ya estamos dejando de jugar.
Llega el trabajo, y ya no juegas, solo te preocupas y trabajas. Te preocupas de subir un escalón más en el trabajo y te deprimes si no lo consigues, tú carrera laboral no era como te la imaginabas en la Universidad... tantos años de estudio para nada. Y sientes que no has llegado a nada, a nada te entregas como cuando eras pequeño y jugabas.
Te preocupas de perder el trabajo, si lo pierdes de preocupas porque no vas a encontrar trabajo, si encuentras trabajo, te acuerdas de lo bien que estabas en casa en vez de aguantar a un jefe energúmeno, echando horas y horas y horas.
Ya no juegas, el trabajo no es un juego, la vida no es un juego, esto es muy serio, tú eres una persona seria, un poco amargada y desilusionada.
Y llegan los hijos y te enfadas cuando no te hacen caso, y no entiendes que haces mal, y te preocupas por que quizás lo estás haciendo mal. Y te preocupas por su futuro, y te pones serio, y quieres que no rompan sus juguetes y sean responsables y nuevamente les riñes... por que todo es muy serio y la vida no es un juego, por eso no juegas, solo te preocupas.
Y piensas cuando ves a tus hijos jugar como se entregan y que en algún momento ellos también se volverán serios y dejaran de jugar, y dejarán de entregarse a la vida para preocuparse en un futuro inexistente o que solo existe en nuestra cabeza.
Piensas que no estás educando a tus hijos para que sean responsables y para que en un futuro puedan preocuparse de su porvenir y futuro, y eso te preocupa y te pone serio.
¿En que momento dejaste de jugar y te pusiste serio? Si no juegas la vida se te acaba, así que ya es hora de volver a aprender a jugar, de entregarse a lo que te gusta, de, simplemente vivir y no preocuparse.
Era bonito jugar, entregarse completamente como si nada en esos momentos existiese fuera del juego. Solo la realidad inventada en la que dirigíamos nuestras tropas de plástico contra el enemigo o vivíamos aventuras estelares más allá del sistema solar.
Y nos íbamos haciendo mayores y empezábamos a soñar con un futuro lleno de emociones y prestigio, sin preocuparnos demasiado por él.
Pasamos del colegio al Instituto y ya vamos viendo que nos tenemos que preocupar de nuestro porvenir. Nuestras emociones están a flor de piel, vivimos el momento, salimos los fines de semana, nos divertimos a tope, pero intentamos estudiar y pasar curso.
Llegamos a la Universidad y la cosa se pone seria. Nos lo pasamos bien, puede que mejor que en la época del Instituto. Conocemos gente nueva, salimos los fines de semana, pero el futuro deja de serlo, se va convirtiendo en presente. Nos preocupamos de nuestro futuro, y eso nos pone serios. Y ya estamos dejando de jugar.
Llega el trabajo, y ya no juegas, solo te preocupas y trabajas. Te preocupas de subir un escalón más en el trabajo y te deprimes si no lo consigues, tú carrera laboral no era como te la imaginabas en la Universidad... tantos años de estudio para nada. Y sientes que no has llegado a nada, a nada te entregas como cuando eras pequeño y jugabas.
Te preocupas de perder el trabajo, si lo pierdes de preocupas porque no vas a encontrar trabajo, si encuentras trabajo, te acuerdas de lo bien que estabas en casa en vez de aguantar a un jefe energúmeno, echando horas y horas y horas.
Ya no juegas, el trabajo no es un juego, la vida no es un juego, esto es muy serio, tú eres una persona seria, un poco amargada y desilusionada.
Y llegan los hijos y te enfadas cuando no te hacen caso, y no entiendes que haces mal, y te preocupas por que quizás lo estás haciendo mal. Y te preocupas por su futuro, y te pones serio, y quieres que no rompan sus juguetes y sean responsables y nuevamente les riñes... por que todo es muy serio y la vida no es un juego, por eso no juegas, solo te preocupas.
Y piensas cuando ves a tus hijos jugar como se entregan y que en algún momento ellos también se volverán serios y dejaran de jugar, y dejarán de entregarse a la vida para preocuparse en un futuro inexistente o que solo existe en nuestra cabeza.
Piensas que no estás educando a tus hijos para que sean responsables y para que en un futuro puedan preocuparse de su porvenir y futuro, y eso te preocupa y te pone serio.
¿En que momento dejaste de jugar y te pusiste serio? Si no juegas la vida se te acaba, así que ya es hora de volver a aprender a jugar, de entregarse a lo que te gusta, de, simplemente vivir y no preocuparse.
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